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Una de las tareas más difíciles de llevar a cabo en el mundo de las IT es la innovación. Innovar es una palabra muy de moda, pero no todo el mundo está de acuerdo en lo que significa.
En el curso que estoy realizando actualmente se define innovar como

un nuevo cambio que es positivo y se implementa

Una de sus características es que es algo que nosotros (los innovadores) hacemos a los demás. En cambio, si es algo que nos hacen a nosotros, podríamos llamarlo simplemente un “cambio”.
Para que la “innovación” suceda debe haber una idea creativa apoyada por un grupo, deseada por el mercado (sea este interno -la propia empresa-, o externo), que no esté prohibida por ninguna ley o política, que sea capaz de ejecutarse, y tecnológicamente funcional.

Image from Electronic Frontier Fundation

A la hora de generar dicha idea brillante, esta seguramente estará limitada por restricciones de distintos tipos. Pero contrariamente a lo que se pueda pensar, estas no son de por sí algo negativo, sino mas bien al contrario. Y esto es así porque las restricciones son algo en lo que podemos concentrarnos, en lo que estar de acuerdo, que podemos medir, y que al final es quien conduce la adopción de la idea.

De hecho, innovar es normalmente algo difícil porque no siempre tenemos una idea clara de cuales son las restricciones dentro de las cuales movernos cuando pensamos creativamente.

Si alguien nos pidiera de pronto que generemos una idea innovadora en nuestro ámbito de trabajo probablemente tendríamos dificultades.
Un autotest que podemos realizar buscando la causa de las mismas son realizarnos esta serie de preguntas para identificar que crea nuestras barreras al motivador camino de la innovación:

  • ¿la presión del tiempo?
  • ¿falta de concentración?
  • ¿dificultad en compartirla con otros?
  • ¿incerteza por la dirección hacia donde innovar?
  • ¿efecto “página en blanco”?

 

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